Un ser diminuto, con dos grandes ojos y de un extraño color

Estaba sentada en la terraza cuando apareció. Era un ser diminuto, con dos grandes ojos y de un extraño color. Todo lo que se interponía entre él y su camino lo arrojaba al suelo; con gran fuerza y determinación. Debía llegar hasta ella. Se arrastraba a gran velocidad. Balbuceaba emitiendo sonidos difíciles de entender. Cuando tomó la decisión de hacer algo, ya era demasiado tarde. El ser, extraño y balbuceante, se encontraba a unos pasos de ella. Ella sonrió. Él, le dijo “Mamá”.

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