¿Y esa cara?


–          “¿Y esa cara?”.

–          “¿Qué cara?”.

–          “¿Te pasó algo?”.

–          “Nada”.

–          “¿Y por qué la cara?”.

Desperté de un salto en la mañana. Apagué el despertador y corrí a la ducha. Luego, me vestí, desayuné y esperé un rato.  Saqué una naranja y salí. Caminé al paradero, subí a la 507c. Me bajé en Grecia y miré la hora. Ya no podía esperar la 510. Caminé al metro… ah, sí, el metro.

–          “¿Y esa cara?”.

–          “Es que hoy usé el metro”.

Caminé al final del andén y esperé el metro de las 8:57. Llegó, subí y me aplastaron. Adiós, Espacio Vital. “Pensar que Hitler decía que invadía los otros países porque, como eran arios, necesitaban mucho Espacio Vital”.  El aire viciado, la gente… la gente.  Combiné a la línea 1 y me bajé en Los Héroes. Corrí por la calle y llegué. Ahora me preguntas por mi cara. ¿Qué tiene de malo mi cara? Es la misma que tienen todos cuando usan el metro. Una cara viciada y de estar jodidamente invadido por el resto.

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