El soplon

Una vez que partieron, se acercó a ver si estaba bien. Pensó que lo habían matado porque permanecía inmóvil, en medio de la calle, sin decir nada. Cuando bajaron de sus autos, ella inmediatamente se escondió bajo un camión, pero él no tuvo la misma suerte y lo atraparon. Se le fueron encima 15 hombres. Ella no entendía nada, no sabía qué estaba pasando, quería ayudarlo, pero no podía contra los 15 sola. Antes de que éstos llegaran, se habían reencontrado luego de 20 años y él pensaba explicarle los motivos que tuvo al abandonarla, junto a sus hermanas, cuando tenía sólo tres años. La verdad, para ella era un desconocido. De hecho, tenía una imagen totalmente diferente de él. Lo recordaba delgado, alto y blanco. Muy diferente a como estaba ahora.

Armándose de fuerza, logró voltearlo. Sin duda, sus 120 kilos no hicieron fácil la tarea.  Se desangraba por tres agujeros de balas. Estaba irreconocible, lo habían golpeado hasta desfigurar su cara.  El resto de su cuerpo tampoco salvó ileso. Con suerte lograba respirar, le habían quebrado tres costillas y éstas, presionaban sus pulmones. “Dime algo”, dijo ella. “Por qué alguien te haría esto a ti”.  Él abrió un poco sus ojos, que reflejaban el inmenso dolor que sentía, e intentó decir algo. Sin embargo, no pudo.  Apuntó con su dedo hacia un costado. En un frasco, le pareció ver un trozo de carne. Sobre éste, un cartel decía “soy un soplón”. Recién entendió que se trataba de la lengua de su padre. No necesitó explicaciones, ahora entendía los motivos del abandono, o al menos eso creía ella.  Lo abrazó y se recostó a su lado, esperando darle la calma que necesitaba para partir en paz.

Llegó la policía y la separaron de éste.  “Sí, al parecer es Antonio Paz”, dijo un policía por la radio. Ella se volteó, vio la sangre en su cuerpo y comenzó a gritar.  Él no quería explicarle los motivos del abandono porque no era su padre. No sabía quién era ni qué quería decirle. Tras unos minutos, un fuerte disparo se escuchó en medio de esta sangrienta escena, de la cual ahora la mujer era protagonista.  Se escucharon 20 disparos más, todos dirigidos hacia ella. Luego los policías encontrarían una foto de ella en el bolsillo del hombre, en el reverso escrito “María Reyes, hija de Eugenio Reyes, miembro de “Los pestes”, US$4.500 a quien la mate”. Por orden de Eugenio, quien era su amigo, él había ido a protegerla. Pero también eran enemigos, ambos pertenecían a distintos grupos, y éste le contó su tarea a las personas equivocadas, quienes lo traicionaron con su líder.

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